Hay muchas situaciones en la vida en las que es preferible tomar aire y empezar a decir todo lo que piensas, sin rodeos, sin embargo en otras, lo mejor que puedes hacer es aguantar la respiración y dejar pasar los minutos, hasta que de nuevo puedas respirar y continuar con tu vida.
Normalmente aguantamos la respiración, o decidimos actuar, en función de los sentimientos que tenemos hacia los demás, meditando el daño que podemos hacer si actuamos, o el que podemos ahorrar callando. Sin embargo no todo se reduce a esto ya que…
Tomamos aire antes de darnos un chapuzón en la playa, antes de entrar a una entrevista de trabajo, antes de soltar todas esas recriminaciones que llevamos maquinando para desestabilizar a la persona de enfrente, antes de mirar la nota de un examen. Y lo hacemos de una manera tan automática que ni nos damos cuenta de ello. Pero lo que es cierto es que después de tomar aire se suceden una serie de acontecimientos normalmente bruscos, ya sean relativos a la alegría, tristeza, ansiedad… lo que hace que nuestras emociones se transmitan a flor de piel.
Aguantamos la respiración sin querer cuando alguien dice algo que nos sienta mal, cuando sabes que el chico que te gusta te está mirando, cuando te dan un sermón por algo que sabes que hiciste mal, cuando te sorprenden con algo que no esperabas, cuando te van a dar un primer beso... A veces creo que esto lo hacemos porque si respirásemos en esos momentos, hiperventilaríamos tanto que caeríamos redondos al suelo.
A pesar de ser reacciones involuntarias, en ocasiones si que son premeditadas, ya que nos ensimismamos en nuestros pensamientos mientras decidimos que hacer, que es lo correcto, que consecuencias acarrearan nuestros actos, el gran dilema: hablar o callar. Por mucho que meditemos que camino elegir, siempre acabaremos pensando qué hubiese sucedido si en ese momento en vez de callar hubieses hablado o viceversa.
Por último, los suspiros, a mi parecer son los más inteligentes de nuestro mecanismo, ya que cuando llevamos grandes cargas a las espaldas, nos abruman los problemas o no sabemos que hacer, no nos damos cuenta, pero con cada suspiro la carga a transportar se vuelve mas ligera, y sin mediar una palabra, suspiro a suspiro, reunimos las fuerzas necesarias para lo que haga falta.
“Y al respirar propongo ser quien ponga el aire,que al inhalar me traiga el mundo de esta parte.Y respirar tan fuerte que se rompa el aire,aunque esta vez si no respiro es por no ahogarme.Intenta no respirar ...Intenta no respirar ...”




2 ideas:
Y lo mejor, es que esas inspiraciones o espiracions profundas son muchas veces involuntarias. El cuerpo se expresa con su propia voz, sin el filtro de la cabeza, y eso es garantía de autenticidad..
Me alegra ver que todo este tiempo que ha pasado sin pasar tú lo has aprovechado para plasmar tus ideas. Y el resultado es muy interesante. Estoy de acuerdo en que los suspiros son ese punto de inflexión que aligera la carga. Por ejemplo, el tímido que sólo puede declarar su amor mediante carta. El simple hecho de entregar el papel le supone un esfuerzo descomunal y luego llega el suspiro "automático" que relaja toda la tensión.
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